Viajar es un placer

Viajar es, en sí mismo, como queda consignado desde los textos de Aristóteles y Platón, un método del conocimiento humano. Viajar abre la mente de las personas, ensancha sus horizontes, despeja incertidumbres y renueva el espíritu. La experiencia de viajar es equivalente a la lectura de muchos libros a la vez.

La acumulación de conocimientos no es la única razón para poner en marcha la planificación y ejecución de un viaje. El intercambio e interacción con otras culturas, por supuesto son factores que conllevan a un amplitud mental positiva para la sicología de quien lo vive.

Viajar abre la mente a la posibilidad del encuentro con nuevas experiencias que reaniman el espíritu y fortalecen el intelecto. Viajar por el mundo permite salirse del entorno, de las formas y tradiciones con las que se ha vivido toda la vida. También, exponer la mente a nuevos elementos abre la curiosidad, activa el interés por lo nuevo y proporciona experiencia de vida.

Existen dos tipos de viajeros, aquel que revisa con exhaustividad las Guía Michelin para escoger el restauran que se adapte a su presupuesto o el que mejor brinde la experiencia gastronómica típica del país visitado. El otro, se conforma con comprar una postal de la Mona Lisa en Louvre de País y luego correr por la oferta del día en Mac Donald´s. Por tal motivo es importante hacer turismo como experiencia de vida.

Otra de las ventajas de viajar es que, además de conocer más del mundo exterior, se conoce más de sí mismo. Levantarse en las terrazas agrícolas de Machu Picchu, en Perú, representan, en últimas, un viaje interno. Un lugar aislado proporciona el anonimato y la falta de responsabilidad necesarias de vez en cuando para disfrutar de uno mismo.

Viajar es positivo

Diversos estudios, de ramas tan amplias como la medicina, la sicología, la antropología, la sociología y la economía, han comprobado que conocer nuevos lugares y culturas, y relacionarse con gente de otros países –e incluso de otras ciudades o regiones– tiene efectos positivos sobre las personas. Se ha demostrado que estar en contacto con la naturaleza, visitar museos y monumentos y, en general, cambiar el entorno habitual tiene efectos positivos y saludables para quien vive esas experiencias.

Así mismo, hay evidencia, por ejemplo, de que cuando una persona se encuentra en un estado de depresión tiende a aislarse, a buscar la soledad y a sumirse en tristezas y pensamientos negativos que pueden llegar no solo a afectar su parte psíquica sino también su parte física. Pero viajar, explican los sicólogos, implica entretener la mente en algo diferente.

Desde la planeación del viaje, luego su preparación, el desplazamiento mismo y la llegada a un lugar en el que todo es nuevo o diferente rompen con la monotonía en que se ha sumido una persona triste y aburrida. Los médicos, por su parte, han demostrado que el estrés y la fatiga, síntomas comunes hoy por hoy en la mayoría de habitantes de grandes ciudades, como consecuencia de los ritmos de estudio, trabajo, familia, amigos, situaciones económicas y en fin, de todo aquello que produce ansiedad, pueden ser minimizados al viajar.

Por ello, ir a la playa, a un río, a pescar en un lago, a volar en aeroplano, a montar a caballo o a caminar por terrenos silvestres tiene igualmente, según los expertos, efectos positivos en la salud de las personas. Así que, ya sea por salud, distracción o simplemente ampliar nuestros conocimientos y experiencia de vida, viajar es un placer.